miércoles, 23 de octubre de 2013

Para que nos vayamos conociendo

Oír como música de fondo
   
  Yo soy de los que creen que el fútbol y la vida no son dos líneas paralelas cercanas. Creo que son dos líneas que se entrelazan permanentemente y que muchas veces se hacen una. Tengo 20 años, pero siendo el menor de tres hermanos hombres, nací con una pelota en la cuna.


   No puedo decir que haya sido por opción propia, sino que más bien fue una herencia familiar ineludible. De un momento a otro, mientras mis compañeros del Kínder C del Colegio San Ignacio preferían salir a recreo, yo no me despegué de la tele para ver como el Coto sierra clavaba un tiro libre al ángulo frente a Camerún en el mundial de Francia 98.

  Me gustara o no, crecí con los relatos de Pedro Carcuro (inolvidable el del gol de Marcelo Salas a Italia) y derrotas como el 4-1 frente a Brasil en ese mismo mundial me enseñaron que ser chileno implicaría siempre cierto sufrimiento.

 
 
Así, mientras los colores de la roja se marcaban en mi frente, de manera paralela la insignia de la Universidad de Chile se ganaba un lugar en mi pecho. Poco recuerdo del bicampeonato de los años  1999 y 2000.
 
 
 
 
 
   Recién en el año 2002, con 10 años de edad, mi padre comenzó a llevarme al estadio. Así, tuve la chance de ver a grandes goleadores como Mauricio Pinilla, el gran Diego Rivarola o Sergio Gioino. Jamás olvidaré un gol increíble de Pinilla frente a Wanderers que tuve la chance de ver en vivo.
 
 
 
   La roja vivía años muy difíciles. Últimos en las clasificatorias a Corea & Japón y fuera del mundial de Alemania. Además, la Universidad de Chile, salvo la alegría del Torneo de Apertura 2004 también vivió una sequía importante. Así que comencé a mirar para el lado. Cada fin de semana no veía menos de 6 partidos. (El de la U, el de Colo Colo, el de la Católica y al menos tres internacionales)
 
 
 
   Los años pasaron así, entre las penumbras de Chile y de la U, viendo los años más gloriosos del Colo Colo de Borghi, y viendo, además, como colegios de la talla del Saint George o del Verbo Divino nos arrebataban cualquier ilusión de lograr algún título con la selección de mi colegio.
 
   Pero el 2009 las cosas comenzaron a cambiar. Bielsa ya había llegado a Chile y nos tenía en un mundial. Los relatos de Carcuro se cambiaron por los de Claudio Palma, un hombre que destaca por la mezcla entre su gran emocionalidad y sus pegajosas frases. Durante el proceso del "loco" viví emociones increíbles. El gol de Orellana a Argentina es probablemente el que más fuerte he gritado en un estadio. Además, la Universidad de Chile volvía a levantar un título de la mano de Juan Manuel Olivera, con un gol que recordamos con el audio de Ernesto Díaz Correa.
 
 
 
 
  El 2010 fue intenso, la U llegó a semifinales de la Copa Libertadores con un Walter Montillo que hacía que las entradas al estadio parecieran baratas (en mi memoria quedará su llanto después de la eliminación con Chivas). Chile disputaba en Sudáfrica un nuevo sueño mundialero y más encima tuve la suerte de anotar le gol del triunfo en el clásico frente al San Ignacio El Bosque y además me hacía un nombre dentro del fútbol escolar.
 
 
 
 

Así mientras me divertía jugando por mi colegio, la Selección chilena y la Universidad de Chile comenzaban a cambiar el paradigma del fracaso y me empezaron a acostumbrar al éxito. Jorge Sampaoli, convirtió a la Universidad de Chile en un equipo temible logrando proezas imborrables como la final que se le dio vuelta a la UC o la obtención de la Copa Sudamericana, título que celebré en la Plaza Italia.  Por si no se había ganado todo mi corazón, la obtención de un nuevo pasaje al Mundial como seleccionador de Chile hacen que Sampaoli sea de los personajes más importantes dentro de mi vida como hincha.

 
 
Estos son los hitos que han marcado mi vida como hincha del fútbol y que enmarcan, en parte, el contexto en el que surgen mis ideas y perspectivas acerca de este deporte. Mi identificación con ciertos colores no implicará jamás un sesgo en mi opinión y siempre estaré abierto a que podamos debatir de manera civilizada frente a las distintas instancias que el fútbol en el mundo nos vaya presentando.